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martes, 4 de diciembre de 2012

Cuentos desde mi rincón: ¡Una noche de estreno!

En una pequeña ciudad de provincias, donde todos se conocen, estrenan una película en un cine engalanado para la ocasión. Los trajes de noche de los asistentes aportan la nota de glamour

Dentro, una pareja sentada en la fila trece  charla mientras espera que se apaguen las luces.

¿Cómo llevo tantos años agüantao? Si soy güeña, ¿por qué me castiga Dios con esta cru? ¡Eres un desgrasiao! Me juraste por tus muerto que hoy no ibas a beber y está que no te tienes en pie ¡malaje! Con lo qué m’ ha costao preparar to pa veni a un sitio legante!. M’he pasao media mañana en la peluquería y ni t’has fijao en er moño que m’ha hecho la Antonia, qu’este arrecogio solo sale en las revista; ni en er  vestio nuevo der mercaillo. Pos que sepas que m’ha dicho la Manuela la der Tieso que uno igua se lo había visto a la Prisli y que me quea iguar que a ella. En er barrio toas me preguntan que si estoy a plan. ¡Fijate! hasta la maestra der niño me llamó una cosa mu fina, que soy sirfidi me lo dijo hase poco cuando le dije que no me sobra ni pa jase una armondiga. Claro, que a la probesilla la sobran casi tos. Si la tuvieran que vender despiesá abastesía a toas las carniserías de la capitá ella sola. ¿Tas roncando?

—Que va quilla, antodavia no, tes ti escuchando. Anque si me dejas, echo solo una cabezá hasta que empiese, qu’he madrugao. He salió a por chatarra pa pagá  er vestio, er moño y er cine.

—¡Qué cuajo tienes gachó! ¡Si eres más flojo que un muelle guita!¡No me haigas hablar!  Si has estao en la taberna tor dia y yo gastándome un dinerá en ti. Veinte euros ma costao el jato que lleva puesto que pareses er Julio Iglesia. No merecías na ¡mamarracho! Y ponte derecho que  me tiene el hombro cansao.¡ Quita ya!, que toa esta gente va desi que paresemos novios. No me haigas gritarte y despierta que no está el forraje pa pitaeras. ¡Mira, ya empieza!

Cuatro filas más atrás, mientras nuestros protagonistas mantienen su peculiar conversación, dos mujeres de mediana edad cuchichean a la espera  que comience el film.

—Purita fíjate en esa pareja de ahí delante. Se ven tan encantadores haciéndose arrumacos. Solo tienes que mirarlos para saber lo felices que son. ¡Qué tiernos! él apoyado en el hombro de ella escuchando embelesado todo lo que le cuenta.

—¿Qué me dices del moño de ella, Cuqui? Su peluquero debe odiarla. ¿Y el vestido? No he visto el resto, pero ese cuello alto de lentejuelas brilla con luz propia. El acomodador no necesitará linterna para sentar a los rezagados

—¡Qué cosas tienes!, no seas mala. Leí en el Informaciones que los Cañero dan una fiesta. La pareja de delante deben ser sus primos, los Artuaga. Han venido desde Estados Unidos para el evento. La sirvienta de  los Cañero le dijo a la mía que los primos de su jefe tenían ganas de ver esta película. Son ellos seguro, los he reconocido por la foto de la portada del Hola, cuando llegaron al aeropuerto. En la revista se comentaba que ella era una arquitecta  muy famosa y  él un reputado empresario. Y Purita ese vestido lo vi en el escaparate de  Versace, rondaba los 12.000 euros. Estuve a punto de comprarlo, pero ya sabes que el plateado no me favorece.

—¡No me digas, Cuqui!

—¿Qué te parece si cuando acabe la película, a la salida, nos acercamos a saludarles? Ahora mismo llamo a Ridruejo, el fotógrafo, y le digo que nos espere en la puerta para que nos haga un robado con ellos. Purita, espera que nos vean en portadas. Estoy deseando que llegue el sábado, en la partida de brigde se morirán de envidia.

—Si llego a saberlo me pongo el traje azul de Lacroix y no éste Adolfo Dominguez que no me estiliza. Se va a notar que este año aún no he ido a la Buchinger .  Por favor,  no se te ocurra comentar lo que he dicho sobre el peinado. Con esta penumbra,  no me había percatado, pero la verdad, es que le queda monísimo ese moño alto y realza su elegancia natural.

—Después del estreno tenemos un cóctel con los Sandoval. Aunque quizás los Artuaga nos inviten a acompañarles a la fiesta y claro, no debemos hacerles un desplante. Total, los Sandoval no tienen categoría solo dinero.

Las luces se apagan y comienza el espectáculo. Hoy doble función: la primera en la gran pantalla y la segunda… a la salida.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

1º Concurso de relatos de Halloween: 1º premio




¿VIDA TRAS LA MUERTE?
  Autora: SWEETIE

Dicen que el Día de Todos los Santos recuerda a la gente que tiene una cita pendiente con el

cementerio, que es el momento de volver a traer a la mente a aquellos que fallecieron y que yacen olvidados entre cipreses.

Dicen que ese día el campo santo deja atrás su silencio, sus sombras, su misterio, su soledad. Gracias al amanecer de ese nuevo uno de noviembre se permite que, un año más, se rompa esa monotonía, al menos durante veinticuatro horas. Multitud, bullicio, vida al fin y al cabo…hasta que el sol vuelva a ocultarse.

Dicen que ahí fuera las personas celebran una especie de fiesta la noche anterior, Halloween creo que se llamaba. Tratan de hacer presentes a espíritus, demonios, seres oscuros con los que pueden jugar a sentir miedo, liberar adrenalina o simplemente divertirse. ¿Reírse de la muerte? Extraña cuestión. Sobre todo cuando es un suceso tan imprevisible.

Sin embargo, al día siguiente todo el mundo parece haber vuelto a la normalidad. Incluso dejan de creer en esos seres del más allá a los que hacía unas pocas horas habían querido imitar.

Nadie se pregunta qué sucede cuando el Día de Todos los Santos llega a su fin. Cuando el chirriar de las verjas del cementerio deja paso de nuevo a ese silencio sepulcral…

Esa noche mis pasos suenan más de lo permitido por los pasillos de los nichos. Es como si hubiera entrado tarde a un recital y los espectadores me mirasen con recelo. Se respira tensión en cada uno de los rincones del recinto. Hoy incluso apago la linterna y agarro las llaves con la mano para evitar molestar más. Sé que ha sido un día muy doloroso para la mayoría de los allí presentes. Yo también les acompaño en el sentimiento. Cada uno de noviembre el muro entre vivos y muertos se hace más palpable. Ya no vale creer que estás en un sueño porque puedes ver que las personas a las que amas están ahí fuera, a tan pocos centímetros de ti, pero tras un cristal blindado que nunca podrás atravesar.

Paso la mano sobre algunas de las tumbas tratando de acallar su desasosiego. Quieren volver a la vida, con los suyos, pues aún no han encontrado el camino que les lleve al descanso eterno.

Me conformo con que sepan contenerse bajo tierra aunque sus aullidos se entremezclen con el ulular del viento otoñal. Mantener el orden, esa es mi misión. Un trabajo que no elegí pero al que no puedo abandonar.

Siento que un escalofrío me recorre la espalda. Sonrío para mis adentros pues conozco bien esa sensación. Me agacho para recoger unas flores que se habían caído de una de las sepulturas sin girarme hacia esa figura que se desdibuja detrás de mí.

-Hoy no han venido –dice en apenas un susurro.

-Yo sí lo he hecho, ¿no? –le respondo dándome la vuelta, tratando de mostrar la mejor de mis sonrisas.

Allí está aquel pequeño ser, indefenso, con una mirada tan profunda como triste que consigue encogerme el alma. ¿Cómo se puede permitir que tan solo una niña pudiera pasar por aquella situación? Su rostro no es más diferente del de alguno de los pétreos ángeles de los mausoleos.

-Tú siempre estás aquí. Eso no me consuela –me confiesa irritada y, sin darme tiempo a reaccionar, se desvanece entre las sombras.

Suspiro y continúo con mi paseo sin rumbo.

Dicen que hay vida después de la muerte, pero nunca nadie aseguró que fuera sencillo de conseguir.

De eso sí doy fe.


lunes, 5 de noviembre de 2012

1º Concurso de relatos de Halloween: 2º premio




El fantasma del Metro 

 autora: Jennifer


Es la noche de Halloween y he quedado con unos amigos para ir de marcha. Decidí disfrazarme de vampiro de Crepúsculo, que está de moda. Lo malo es el mogollón de purpurina que tengo que usar, que los vampiros modernos brillan con la luz.
Para variar voy tarde. Quedé a las doce en la estación del metro que está cerca del bar, pero ya falta poco para la media noche y apenas estoy haciendo el transbordo. Llego al andén y todavía faltan siete minutos para el próximo metro… Me van a matar. Me siento a esperar en un banco, junto a una chica que se había disfrazado de fantasma con unos trapos blancos y una rebeca, despeinada, con ojeras, pálida… Vamos, que no se lo había currado demasiado.
Aprovecho que me mira y con mi sonrisa más seductora le digo:
―¿Vas a una fiesta de Halloween?
―No. Sólo estoy esperando a que sean las doce.
―¿Estás esperando a alguien?
―No, no… Es que a las doce desaparezco.
―¿Desapareces?… Quieres decir que te vas ¿no?
―No… es que…, soy un fantasma de verdad. A las doce me desmaterializó.
―¡Vaya! Veo que te gusta esto del Halloween.
―¡Siempre me pasa lo mismo! Nadie me toma en serio.
―Ajá ―Empiezo a sospechar que tiene alguna enfermedad mental, así que por si acaso le sigo la corriente―… ¿Y qué fue lo que te pasó? ¿Cómo terminaste aquí?
―Pues nada… que me tiré a las vías del metro por despecho. La verdad es que viéndolo en perspectiva lo que debí hacer es darle un buen rodillazo en la entrepierna a ese idiota. Pero me dio la vena suicida y ahora estoy atrapada en el limbo.
―¿Y por qué no lo buscas para asustarlo? Al menos así podrías vengarte.
―Es que esto no funciona así. Sólo me materializo el día de mi muerte, que fue el primero de noviembre, entre las diez y las doce de la noche. Y no puedo salir de las instalaciones del metro.
―Bueno… Al menos puedes asustar dentro del metro. Debe ser la mar de divertido.
―¡Qué va! Esto de ser fantasma en Halloween es un rollo. Si hay gente disfrazada que da más miedo que yo. Es que asustar en estos días es muy difícil. El cine ha hecho mucho daño. Al principio lo intenté, iba por los andenes tratando de asustar. Arrastrando mi cadena y diciendo ¡Huuuuuu!
―Es que esa cadena… no se… está un poco chuchurrida… En la ferretería venden cadenas mejores.
―Si ya lo sé… Es una porquería de cadena. Una vez me enrede los pies con ella y me caí. Tuve más éxito haciendo reír que asustando.
―Quizás si te vas a estaciones menos concurridas tengas más éxito.
―Si ya me he paseado por todas las estaciones. Incluso una vez me atrapó uno de los de seguridad del metro.
―¡Qué dices! ¿Y qué pasó?
―Pues nada… que me puso una multa por no llevar ticket.
―Ja, ja, ja ―Al ver que se ponía un poco triste agregué―. Disculpa.
―No, si ya sé que doy más risa que miedo.
―¿Y ahora como haces? Digo, para que no te vuelvan a pillar sin ticket.
―Le trabajo de diez a once al de la tienda de chuches y me da diez euros, en negro porque no tengo papeles. Con eso me compro un ticket y me pongo a dar vueltas por ahí, a ver si logro asustar a alguien.
―Pues sí que es duro lo de ser fantasma ―La chica quizás estaba un poco loca pero era divertida, y sobre todo original, eso desde luego.
―Si… verás, es que lo del mundo de los espíritus está muy idealizado. Yo me imaginaba que sería como en Ghost, ya sabes, la peli, pero ni de cerca se le parece. ¡Mira! Ya está llegando el metro.
Me giro y efectivamente está llegando el metro al andén. Cuando me vuelvo ella no estaba… ¿Se había desmaterializado? Me fijo en la hora y son las doce en punto. Miro hacia ambos lados del andén y no está por ningún lado. Subo al metro y mientras me adentro en el túnel sigo buscándola con la mirada, pero ni rastro de ella.
Llego a la estación donde me están esperando mis amigos y al verme llegar me dicen:
―¡Tío, hasta que al fin apareces! ―Algo debieron notarme porque me preguntaron― ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras bien?
―Tío… Creo que traté de ligarme a una fantasma.
―¡Como todos hoy! Aunque yo prefiero a las vampiras.
―¡No tío! A una fantasma de verdad.
―¡Anda! Tu es que eres el rey de las excusas.
―¿Tú crees que sea posible enrollarse con una fantasma?
―Pues yo cuento con eso. ¡A ver si hay suerte!
Bueno, sabía que no me iban a creer. Si me acuerdo la buscaré el año que viene. Quizás tenga suerte.


martes, 23 de octubre de 2012

Cuentos desde mi rincón: Nunca te quedes solo en Halloween



Ana se encontraba  sola en casa. Su madre, aquella mañana, había ido al hospital a visitar a la abuela y quedó en regresar pronto. Miró  por la ventana, el cielo se encontraba ya bastante oscuro y algunas estrellas centelleaban dispersa entre nubarrones negros. Sus ojos se volvieron hacia el reloj colgado en la pared, las 9: 30, un poco tarde, pensó  intranquila.
Se tumbó  en el sofá  de  la salita a ver la tele. El programa de entrevistas que puso, bastante aburrido, junto  con el calor del brasero y el madrugón de aquella mañana, la adormecieron.  
No sabía muy bien cuanto tiempo llevaba dormida, cuando  un sonido estridente la despertó de golpe, confusa, desvió la vista hacia el lugar de donde provenía el ruido, la mesa. La  pantalla iluminada  del teléfono le indicó que la estaban llamando, al mirar el nombre que aparecía, descolgó corriendo.
-¡Dime!
-…..
-Vale mamá, no te preocupes, quédate y ya me arreglo.
-….
- Lo sé, pero no me voy a casa de la tía, me quedo aquí. Un beso, hasta mañana.

Colgó y miró la hora, eran las 11 y media de la noche, vio que quedaba poca bateria y  dejó el móvil cargando en el enchufe.
 Su madre  se quedaba en el hospital, la abuela había  empeorado y no podía volver, le había dicho que era mejor  que se fuese a dormir a casa de sus primas.
-A su edad,  con 14 años,  no necesitaba niñera, era una adulta-Se dijo en voz alta-Menos mal que el petardo de su hermano se quedaba con su tía.
Apagó la tele y se dirigió a la cocina en busca de una coca cola y algo para picar.
Un ruido sonó  en el primer piso, encima de ella,  parecía un golpe en la ventana procedente de la habitación de sus padres.
Subió las escaleras pesando en  cerrarla, antes de que se rompiera algún cristal, aunque hoy, no hacía mucho aire. Mejor asegurarse, no le gustaría tener que darle la razón a su madre y  escuchar el  ya te lo dije que vendría después.
Cuando entró en el cuarto, la ventana que tenía enfrente de la entrada estaba abierta de par en par  y se acercó a cerrarla. Al hacerlo, vio  su imagen reflejada en el cristal y algo más que  no tuvo tiempo  de  distinguir con claridad. Le pareció una sombra que pasaba muy deprisa, se giró  y no  encontró nada. Pensó que se estaba volviendo paranoica. 
Ya se marchaba, cuando algo llamó su atención. Se fijó  en la moqueta, y su corazón comenzó a latir, con  tanta fuerza, que la sangre bombeada  le retumbaba en las sienes como un tambor, y  el miedo hizo presa en ella.
Debajo de la ventana,  se distinguían pisadas y continuaban hasta la salida de la habitación. Parecían huellas de bota con  barro húmedo. Alguien había entrado en la casa.
Ana, de puntillas,   fue despacio hasta la puerta  cerrándola. Recordó  que su padre, guardia civil,  guardaba en lo alto del armario, en una caja de zapatos, una pistola y munición, con las que  había jugado, algunas veces, cuando sus progenitores no estaban en casa.
Se subió a una silla y bajó la caja  colocándola encima de la cama. Con manos temblorosas, que apenas podían sujetar nada, metió las balas en el cargador y empuñó el arma.
Salió despacio, dispuesta a marcharse a casa de su tía y que ella avisara a la policía.  Un ruido detrás de ella, la sobresaltó,  se volvió con brusquedad y disparó con los ojos cerrados: una, dos, tres,… hasta que la pistola dejo de sonar. El silencio  reinó de nuevo en el interior de  la casa y después, de lo que le pareció un siglo, abrió los ojos.
Se encontró con un reguero de sangre que provenía de alguien tirado en el suelo. No se movía. Llevaba una mortaja negra, sucia y raída, y  al lado una guadaña. 
Aún temblando se acercó, tenía que pasar por su lado para dirigirse a las escaleras,  pese al miedo que la embargaba, no pudo dejar de mirar el   rostro de aquel ser tendido en el suelo y un grito surgió de su garganta y  después otro;  siguió gritando sin control. Aquellos chillidos atronadores y desgarradores recorrían la silenciosa casa, saliendo a través de  las rendijas de puertas y ventanas, dando vida a un barrio que despertó y comenzó a salir a la calle asustado.
 Cuando la policía llegó, avisada por los vecinos, encontraron a una niña, sentada  medio encogida, dentro de un charco de sangre, con los ojos desorbitados mirando un cuerpo inerte. El movimiento rítmico de su cabeza,  negando la evidencia, parecía el único signo de vida en aquella escena.
Ana  olvidó que era Halloween, incluso que tenía un hermano más pequeño al que le gustaban mucho  las bromas.
Un aire helado asoló la casa, la policía y todos los presentes sintieron un escalofrío y temblaron un momento.
La niña levantó la cabeza y se topó con la mirada oscura e insondable de la muerte,  mostraba una sonrisa macabra  y su olor lo emponzoñaba todo.
 -Si mando al miedo por delante, la mayoría de las veces, se encarga de realizar el trabajo por mí- dijo soltando una sonora carcajada.
En el reloj del salón sonaron doce campanadas.

martes, 2 de octubre de 2012

Cuentos desde mi rincón: Un día en el Olimpo.

    -¿Sabéis que os digo? ¡Qué paso de vosotros, panda de carcamales!-. Eros, abandonó de la estancia de Zeus, su padre, con un portazo. Había tenido una bronca monumental.
 Se fue, muy enfadado, en busca de su madre Hera. Ella  si lo entendida y lo dejaría sin castigo. Tendría que convencerla de que Zeus se había pasado.
La encontró en su habitación, se estaba arreglando para salir.
    -¿Qué te trae por aquí, Eros? Aunque lo imagino. Ya he hablado con tu padre.
    -¡Los recién llegados no traen más que problemas! Papá me ha prohibido salir,  dice que no cumplo con la ley. ¿Qué entenderá Zeus  de lo que quieren los humanos? Siempre he estado ahí, el primero, y ahora me relegan por un nuevo fichaje y en la familia se comenta que es muy bueno. ¡Tonterías!, ¡solo es un romano!
    -¡Hijo cuidada el lenguaje!- le regaña Hera.

jueves, 13 de septiembre de 2012

- Cuentos desde mi rincón: Hogar. ¿Dulce hogar?




Nota del autora: hubo una versión anterior de este relato pero al no estar muy contenta con el resultado me decidí a darle algunos pequeños retoques y cambiar el final, que era demasiado triste...Espero que os guste la nueva versión, dejaré la antigua para los amantes de lo clásico.



Entré en la estancia sin mirar  y fui directa la ventana, casi en el extremo opuesto a la puerta. Quería una visión global de todo lo que me rodeaba y el tener un punto de luz cerca  hacia que me sintiera más cómoda.

La lluvia  caía incesantemente y con su repiqueteo en los cristales provocaba un soniquete casi hipnótico. En aquel momento el  viento  arreció y proyectó, con más fuerza si cabe, el agua sobre el vidrio lanzando las gotas como pequeños dardos, capaces de taladrar aquella fina lámina que me separaba del exterior. Era la única luz natural de la habitación, si no contamos con una claraboya que  ocupaba la mitad del techo  al otro lado de la pieza. Le faltaban  todos los cristales, que habían sido  sustituidos por trozos de madera sacados de algunos muebles viejos. Si la función del tragaluz era presentar un aspecto alegre al piso, desde luego no cumplía su labor en estos momentos, más bien al contrario, le confería un aspecto lúgubre a toda la sala.

viernes, 17 de agosto de 2012

- Cuentos desde mi rincón: Empezar de nuevo



Aquella mañana Marina se levantó como cada día a las 7 y como siempre se fue directa a la cafetera en busca del ansiado  y necesitado café para convertirse de nuevo en persona y no en una mala bruja malhumorada. Menos mal que en estas circunstancias no la veía nadie, siempre era la primera que ponía  el pie en el suelo, ya fuera día laborable o festivo.
 Sin  la  dosis de cafeína diaria estaba muerta, pensó mientras daba el primer sorbo.

Sentada en la cocina con la humeante taza de café en la mano,  soplando  para enfriarlo un poco, hizo un análisis rápido de su vida: un empleo en una oficina donde se encontraba a gusto, un marido absorto en su trabajo y casi siempre fuera de casa, pero al que amaba mucho y unos hijos ya mayores independizados que solo la llamaban cuando tenían problemas de logística como era ir a hacer limpieza  o  prepararles  “”tapers”” y   por supuesto, para provisionarles de  dinero a final de mes.

miércoles, 1 de agosto de 2012

- Cuentos desde mi rincón: Una segunda oportunidad



Conoció a su marido cuando tenía 20 años y toda la vida por delante. Un príncipe azul que no aguantó la prueba del beso y el primero que se dieron después de la boda le convirtió en rana… Alguien que no conocía, una persona totalmente cegada por celos infundados, egoísmo y por el placer de hacer daño por el simple hecho de existir y haberse cruzado en su camino. Creía que ni siquiera era ella el objetivo de su odio, ni siquiera la veía, era simplemente el objeto donde volcar todas sus frustraciones, su ira, su mal humor, el saco que recibía los golpes destinados a él.

Apenas recordaba cuantas veces visitó a sus amigas o familia después de la boda, antes que se cansaran de las excusas por no poder acompañarlas o asistir a reuniones, dejándola sola. Se convirtió en una experta, siempre con un sinfín de razones para no llamar, no asistir, no quedar. Tenía pretextos de todas las clases: su marido está mal del estómago, tenía fiebre, hoy iba a salir, no vio tu llamada,…. Unos utilizan las excusas para no ir a trabajar otros, como ella, para no tener que dar explicaciones, para ocultar lo que estaba a la vista de todos… lo que a poco, que se hubieran empeñado habrían descubierto, si no estuvieran tan ocupados mirando hacia otro lado...

Con el tiempo, necesitó muchas dosis de autocompasión, autocontrol y autoestima para poder seguir viviendo, para aceptar el sitio donde la había colocado, al margen de la sociedad, de la familia, de la vida…
Cuantas lágrimas había derramado desde entonces, cuanto sufrimiento dentro de una existencia sin sentido, sin esperanza y sin perspectivas de cambio...

jueves, 19 de julio de 2012

- Cuentos desde mi rincón: Una carta


Querido Pedro:

Aquí   estoy de nuevo contigo como cada noche desde que nos separamos.  Hoy me apetecía que recordáramos juntos como empezó nuestra relación, ambos muy jóvenes, el día que cumplí 13 años y nuestro último día juntos aquel verano porque  te marchabas  a estudiar fuera.

Aquel día no fue especialmente caluroso, amaneció con una capa de nubes bajas que pasaron del blanco níveo al gris marengo, nubes que se veían cargadas y orondas con el aspecto que le dan los niños cuando las dibujan en un papel.

Nos conocíamos desde siempre y habíamos jugado juntos desde que éramos unos críos, pero  esa tarde viniste a buscarme a casa porque tenías algo importante que decirme.  Me recogiste y salimos corriendo, no sin antes de  tener que  escuchar las recomendaciones de mi madre de  no tardar mucho que iba a llover.

martes, 10 de julio de 2012

- Cuentos desde mi rincón: La foto


He tenido problemas y he borrado sin darme cuenta esta historia. La vuelvo a dejar para los que no la hayan leído. Perdonad.





Cada mañana, como  siguiendo un ritual,  ocupaba el mismo asiento  en el vagón de Metro frente a mí, sacaba el libro de su mochila y comenzaba a leer. Yo observaba en silencio como los madrugones hacían mella y no llegaba a pasar  de un par de páginas antes de que se le cerraran los ojos.
Esa mañana estaba tan dormido que el libro se  resbaló de sus manos y cayó. Me agache  a recogerlo,  por fin conseguí  leer el título:”” Metafísica de Aristóteles””,
-debe ser aburrido para que no pueda mantenerle despierto-, pensé. Le toque la mano y cuando abrió los ojos tenía mi cara a un par de palmos de la suya.  Le vi confuso y supongo que preguntándose  quién era yo y qué hacía tan cerca.  Antes de que articulara una sola palabra le puse el libro delante,- se te cayó-. Se ruborizó y me dio las gracias casi en un susurro.

Apresuradamente guardó el libro en la mochila y se levantó, el metro llegaba a la estación de Recoletos donde  se bajaba cada día. Ya  en el andén me miró a través de los cristales de la ventanilla mientras el tren iniciaba la marcha, sonrió   porque acababa de caer en la cuenta que llevábamos más de un año viajando juntos pero nunca se había fijado en mí, hasta ahora.  Le devolví la sonrisa y le dije adiós con la mano.

Cuando entramos en el túnel desvié la mirada al suelo y vi una foto  que sobresalía debajo del asiento que él había ocupado, la recogí. En ella mi desconocido amigo posaba  en un  bosque de abetos delante de una cabaña de madera,  el suelo se veía con una gruesa capa blanca y a su lado  una  flamante moto de nieve con un gran lazo rojo  atado al manillar. Guardé la foto con la intención de dársela al día siguiente y pensando que sería una buena excusa para entablar una conversación.

A la mañana siguiente no apareció, ni a la siguiente, ni a la siguiente… nunca más volví a verle.

Han pasado 40 años: estoy felizmente casada,  tengo hijos y nietos, todavía hago el mismo trayecto en Metro que me lleva de casa al trabajo  y la foto ha ido pasando de un bolso a otro en todo este tiempo.
¿Quién sabe?  Quizás el destino  vuelva a reunirnos en el mismo vagón y  tenga ocasión de decirle lo que aquel día, a mis 17 años no pude:

 “” Hace  mucho tiempo viéndote soñar me enamoré de ti. “”.

Pero esa será otra historia










- Cuentos desde mi rincón: Diario de Marta y su primer día de Verano





Las Gracias de Rafael


Soy Marta y hoy me enfrento al problemón de cada verano, toca probarse el bañador,

 -¡¡Dios mío ten piedad de mí!!- exclamo encomendándome a un Dios del que pongo en tela de juicio su existencia la mayoría del tiempo y pido compasión ante el reto que supone mirarme al espejo con tan minúscula prenda. Lanzo una oración  al silencio de mi cuarto, esperando fervientemente que me esté grande para poder ir de rebajas en busca de un bikini con tres tallas menos….

sábado, 16 de junio de 2012

- Cuentos desde mi rincón: Una cita



Aquella mañana se presentaba muy buena, el sol brillaba radiante poniendo un poco de calor a un día invernal. Tenía prisa y estaba nerviosa había quedado con alguien. El espejo  del cuarto de baño me devolvió la imagen, estaba un poco pálida. ¿Debería llegar tarde?, me pregunté. En el fondo casi que lo estaba buscando, me daba miedo pensar.
 No pude desayunar porque mi estómago se había convertido en un montacargas que subía y bajaba  al ritmo de los  latidos del corazón,  y de esa manera no se puede meter nada en el cuerpo,  estaba a un paso de una taquicardia.

sábado, 26 de mayo de 2012

Cuentos desde mi rincón: Un cuaderno en blanco

Le gustaba sentarse en el parque  al  atardecer y mirar los  edificios de enfrente, cuando las luces de las ventanas comenzaban a dar vida a esos imponentes bloques porque  cada  una de esas ventanas,  tenía  una historia guardada para ella.
Miraba como se encendían las lámparas  y aparecían

los personajes  como si se tratase de un teatro, como si ese clic dado al interruptor fuese la subida del telón:
“”Una mesa donde había un mantel blanco y una pareja de recién casados se juraban amor eterno. Hablaban de su futuro y compartían un helado …” 
“”Un padre que regresaba a casa de trabajar y sus hijos le esperaban para jugar con él. Mientras su mujer preparaba una deliciosa cena….””
“”Un hombre acunando a su bebé. Su mujer trae unas cervezas y comentan como han pasado el día….””
En su cabeza iba conformando miles de historias. Cada bombilla encendida suponía la puesta en escena de una comedia,  una sonrisa en un edificio  donde los actores reían y mostraban toda la felicidad del mundo.  Vivía a través de los personajes que creaba en su imaginación  y  jamás pensó en las tristezas y miserias que podían ocultar esas ventanas: hipotecas, paro, desilusión, desamor….  porque nunca deseó  que sus protagonistas  se enfrentaran  a esas situaciones.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Cuentos desde mi rincón: Un judío en el Califato de Córdoba



Esta historia comienza en 28 de febrero  del año 921 de nuestra era cuando Abderraman III califa de Al-Andalus gobernaba con sabiduría todo su vasto territorio:  la mayor parte de la península ibérica. Fuera de sus tierras estaban los reinos cristianos con los que mantenían una paz más o menos estable, sosteniendo con ellos  lazos comerciales y de vecindad. Córdoba era  la capital de su imperio  y el centro de la cultura y la administración del Califato, además de ser el lugar  de residencia del califa con su familia y toda la corte.

viernes, 11 de mayo de 2012

Cuentos desde mi rincón: Mi primer piso



Entró en la habitación y se acercó a la ventana. La lluvia  caía incesantemente y con su repiquetear en los cristales provocaba un soniquete casi hipnótico.

En aquel momento el  viento  arreció y proyectó, con más fuerza  si cabe, el agua sobre la cristalera  lanzando las gotas como pequeños dardos capaces de taladrar aquella fina lámina de vidrio. Era la única luz natural de la habitación. Bueno, si no contamos con  una claraboya de un metro cuadrado  que la falta de los cristales, sustituidos por una plancha de PVC, no la dejaba realizar  su cometido: permitir el paso de  la luz.

martes, 1 de mayo de 2012

Cuentos desde mi rincón: reivindicaciones en casa


   Esa mañana se encontraba cansada, acababa de mandar a los niños al colegio  y  estaba tomando un café.             El día anterior había ido al médico a recoger unos análisis, nadie le había preguntado que le habían dicho, ¿no les preocupaba?. Se puso a  pensar que tareas tenía pendiente y lo único que se le ocurría es que no le apetecía nada más que estar allí sentada, en la mesa de la cocina, dejando pasar el tiempo sin mover un músculo, si acaso el cerebro que no lo utilizaba mucho últimamente. Hacía tiempo que no pensaba en sí misma, todo su trabajo era pura rutina y cuando la familia regresaba apenas le prestaban un poco de atención, cada cual dedicado a sus menesteres:  su marido el ordenador, su hijo la play y la niña el teléfono..

viernes, 27 de abril de 2012

Cuentos desde mi rincón: En busca del maná


Estaba sentada sola en la playa alejada del grupo con el que tendría que viajar pasados unos minutos. Era noche cerrada y el color oscuro de su piel hacia que apenas se la distinguiera del entorno, solo sus enormes ojos eran visibles. Miraban al cielo cargado de rutilantes estrellas que ponían un poco de luz y espantaba el miedo que la estaba atenazando. En sus brazos el bebé no paraba de llorar, había intentado darle de mamar pero ya no tenía leche. La falta de sustento había dejado a ambos sin nada que llevarse a la boca.
 
 Se encontraba allí aguardando para cruzar el estrecho hacia la tierra prometida, donde los alimentos se hallaban en las calles  y solo había que cogerlos, o por lo menos eso le habían dicho unos conocidos de la aldea a las familias . La suya,  había tenido que desprenderse de todo su ganado para pagar el viaje, entendiendo, como cualquier padre, que necesitaban un futuro

 Ahora había llegado el momento, estaba ahí aguardando para subir a un barco. Miró alrededor y pensó: demasiado pequeño para tanta gente.
 
 La sentaron en el centro de la embarcación junto a unos 50 hombres y 20 mujeres, algunas al igual que ella, cargaban con  sus hijos, arropándolos y cobijándolo dentro de sus cuerpos, protegiéndolos del frio y la humedad que calaban hasta los huesos.
 
 Cuando llevaban un par de horas navegando, se desató una tormenta. El viento lanzaba la barcaza contra las olas y apenas podían mantenerse dentro. Una de ellas pilló a la lancha de costado y la volcó. Se vio sumergida en las frías aguas del estrecho aún con su hijo en brazos,  pudo sacar la cabeza y vio que les esperaba…Miró a su pequeño por última vez, le beso y se dijo: “”Nadie dirá nunca que no lo intenté””. Una ola les pasó por encima y les llevó juntos al fondo.

  En su aldea siempre creyeron que se encontraban en la tierra prometida donde vivían felices. Quizás no estaban del todo equivocados.

Pero esa ya no será otra historia…

sábado, 21 de abril de 2012

- Cuentos desde mi rincón: Un ERE

Hacía media hora que  les habían convocado y todos esperaban indecisos aquella reunión.  En medio de la sala de talleres de la fábrica se respiraba ansiedad y en el aire se podía cortar la incertidumbre que los trabajadores  exhalaban por cada poro de sus ennegrecidas pieles.  En  la  reunión convocada con muchas prisas,  les habían comunicado el cierre de la empresa. Todos empezaron a protestar airadamente y  Don Julián el empresario, un personaje orondo, simplón  y muy pedante, les pidió un poco de templanza y cordura  a la hora de discutir los pormenores de las indemnizaciones ya que todos iban en el mismo barco.

martes, 17 de abril de 2012

cuentos desde mi rincón: El final de la juventud


Esa mañana estaba un poco confusa y  no se encontraba bien, las nauseas no la dejaban levantarse. Una gripe- pensó-  no voy al instituto, paso del examen.

 Marta se dio media vuelta en la cama, pero de  pronto le asaltó una idea haciéndola sentarse de golpe:
- ¡!Y si….!!,  no tomamos precauciones pero solo fue una vez…

Comenzó a hacer cuentas rápidamente y  con una mano temblorosa cogió el móvil de la mesilla de noche y llamó a Javier, su novio. Javi estaba en casa,  como casi siempre. Había dejado los estudios,  no encontraba trabajo y últimamente le daba más al porro de lo que ella creía que era permisible.  Esto la  molestaba bastante pero no era capaz de recriminarle.

domingo, 15 de abril de 2012

Cuentos desde mi rincón: Necesidad de saber



Tenía doce años y volvía del colegio como cualquier otro día, aún no sabía que algo iba a cambiar esa tarde. Cuando llegué a casa  mi padre leía el periódico  muy serio y mi madre en la cocina preparaba mi bocadillo con los ojos rojos de haber llorado. Les miré  de soslayo y vi preocupación en sus rostros. Algo me decía que tenía que ver conmigo y que no me iba a gustar. Empecé a repasar que había hecho mal en los últimos días: Me había dejado los deberes de mates en casa antes de ayer; protesté por las lentejas;  no había hecho mi cama ni arreglaba mi cuarto…Eso no parecía mucho para que estuvieran  tan serios.

Cuando terminé el vaso de leche e iba a marcharme a jugar mi padre levantó la cabeza y me dijo que esperara. Ambos se sentaron conmigo, uno a cada lado. Mamá cogió mi mano y ví lágrimas en sus ojos. Papá con apenas un susurro me dijo: